Un valle idílico
Descubre Ultzama
Naturaleza, cultura y gastronomía en equilibrio
Las cumbres perfilan y acotan las mugas de los campos ondulados cuyos infinitos tonos verdes aportan mil matices a sus prados y bosques; en un valle en el que los pinceles han trazado con cuidado y delicadeza pequeños pueblos de grandes caseríos y amplias balconadas repletas de flores.
Son 14 los pueblos que conforman el valle, un tranquilo rincón de Navarra que seduce por sus paisajes, su esencia y una cocina donde las carnes y las setas son las protagonistas.
El centro del valle está situado en Larraintzar, al noroeste de Navarra y a tan sólo 25 kilómetros de Pamplona – Iruñea. El camino resulta idílico. A través de verdes prados, rodeado de bosques de robles y hayas y salpicado de pequeños pueblos de estética muy cuidada.
Cualquiera de los pueblos que componen el valle de Ultzama merecen una visita. Recórrelos con calma y fíjate en las grandes casas de piedra con cubierta a dos aguas, en sus puertas de medio punto, en los grandes aleros y en las amplias balconadas a lo largo de la fachada. Te encantará su deliciosa arquitectura tradicional.
Pueblos de Ultzama
Descubre "el balcón de Ultzama"
Con más calma, no te pierdas las casas blasonadas de Zenotz y Eltso-Gerendiain un paseo por los cascos urbanos de Eltzaburu y Arraitz.
Disfruta de la plaza abierta hacia la iglesia del caserío de Ilarregi, la perspectiva que ofrece la calle de Iraitzoz y el hermoso conjunto que forman las viviendas alineadas a los lados de un arroyo en Auza.
En las inmediaciones de esta localidad, en dirección a Eltzaburu, hallarás una pista que conduce hasta la Yeguada de la Ultzama, 120 hectáreas dedicadas a la cría de pura sangres de carreras.
El valle posee interesantes muestras artísticas como la iglesia de Urritzola-Galain, las tallas marianas de Belate en Alkotz o las pilas bautismales de Ilarregi y Larraintzar.
En resumen, el valle de Ultzama es un entorno idílico que ofrece una actividad especial para cualquier estación: descansar junto al fuego en los meses fríos de invierno, descubrir la vida que bulle en primavera, pasear por los numerosos senderos en los templados meses de verano o disfrutar de la paleta de colores que regala el otoño.
